Todos queremos volver a esos días donde las cosas fluyen. El problema es cuando convertimos esa búsqueda en exigencia.
Querés estar bien, querés que salga, querés recuperar ese brillo. Pero cuanto más apretás, más se enturbia. Porque la mente entra en control excesivo y la naturalidad, en vez de aparecer, se esconde.
Eso tiene algo en común con Las ganas que vienen solas cuando empezás a programarte el cerebro: hay estados que pueden favorecerse, sí, pero no se fabrican como quien prende una llave.
La presión también sabotea lo que querías recuperar
Lo que te rompe no siempre es la falta de frecuencia. A veces te rompe más la presión por tenerla de nuevo. Porque ya no estás viviendo el momento: lo estás midiendo.
Por eso también se cruza con De sentirme hundido a volver a tener motivación, porque salir de estados pesados no suele ocurrir desde el látigo.
A veces la frecuencia vuelve cuando dejás de exigirle espectáculo
Capaz no vuelve como vos querías. Capaz vuelve más tranquila, menos brillante pero más estable. Y eso también sirve.
Porque hay veces donde la frecuencia se te escapa no por mala suerte, sino porque la estabas persiguiendo con demasiada desesperación.
Hay estados que no vuelven a la fuerza. Vuelven cuando afloja la persecución.