Lo lindo de conocer gente hace poco y pasarla tan bien es que no hay tanto peso acumulado. No cargan con versiones viejas tuyas, ni con escenas gastadas, ni con un archivo eterno de quién fuiste en otros momentos. Te encuentran más limpio, más presente, más ahora.
Por eso este tema toca de cerca a Cómo elegir el momento justo para actuar ciertas cosas, porque a veces la vida te acerca personas nuevas justo cuando ya estabas listo para vivirlas distinto.
También pasa que con amigos recientes uno se suelta de otra manera. Hay menos obligación de encajar en un rol fijo. Podés sorprenderte a vos mismo. Reírte distinto. Contar cosas que con otros ya ni te salían.
No toda profundidad necesita años
Hay conexiones rápidas que no son falsas. Son simplemente claras. Como si ciertas personas llegaran con un idioma emocional parecido al tuyo y no hubiera que traducir tanto.
En eso se parece un poco a La soledad no siempre es tan soledad, porque cuando venís de cierta distancia humana, encontrar un grupo nuevo con el que respirás bien se siente todavía más fuerte.
A veces no extrañabas más pasado: extrañabas sentirte cómodo otra vez con gente nueva.
La pasás bien porque no estás defendiéndote tanto. Porque no sentís que te miden cada gesto. Porque por un rato la cabeza baja la guardia y deja que la experiencia sea simple.
Lo nuevo también puede hacerte bien
A veces uno idealiza tanto lo viejo que no ve lo que está naciendo enfrente. Y sin embargo hay amistades nuevas que llegan a darte aire, movimiento y hasta una versión más sana de vos mismo.
No hace falta desconfiar de todo lo reciente. Algunas personas aparecen rápido, sí, pero no por eso valen menos. De hecho, a veces llegan a tiempo.
Y cuando la pasás tan bien con gente que conociste hace poco, capaz no es casualidad. Capaz estabas necesitando exactamente ese tipo de frescura para volver a abrirte un poco.